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2019-06-08    00:07:47

POEMAS DE AMADO NERVO

EN PAZ

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,

porque nunca me diste ni esperanza fallida,

ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;

porque veo al final de mi rudo camino

que yo fui el arquitecto de mi propio destino;

que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,

fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:

cuando planté rosales, coseché siempre rosas.

...Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:

¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!

Hallé sin duda largas las noches de mis penas;

mas no me prometiste tan sólo noches buenas;

y en cambio tuve algunas santamente serenas...

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.

¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

PERLAS NEGRAS V

¿Ves el sol, apagando su luz pura

en las ondas del piélago ambarino?

Así hundió sus fulgores mi ventura

para no renacer en mi camino.

Mira la luna: desgarrando el velo

de las tinieblas, a brillar empieza.

Así se levantó sobre mi cielo

el astro funeral de la tristeza.

¿Ves el faro en la peña carcomida

que el mar inquieto con su espuma alfombra?

Así radia la fe sobre mi vida,

solitaria, purísima, escondida:

¡como el rostro de un ángel en la sombra!

A UNA FRANCESA

El mal, que en sus recursos es proficuo,

jamás en vil parodia tuvo empachos:

Mefistófeles es un cristo oblicuo

que lleva retorcidos los mostachos.

Y tú, que eres unciosa como un ruego

y sin mácula y simple como un nardo,

tienes trágica crin dorada a fuego

y amarillas pupilas de leopardo.

REQUIEM

¡Oh, Señor! Dios de los ejércitos,

eterno Padre, eterno Rey,

por este mundo que creaste

con la virtud de tu poder;

porque dijiste: la luz sea,

y a tu palabra la luz fue;

porque coexistes con el Verbo,

porque contigo el Verbo es

desde los siglos de los siglos

y sin mañana y sin ayer,

requiem aeternam dona eis, Domine,

el lux perpetua luceat eis!

¡Oh Jesucristo, por el frío

de tu pesebre de Belem,

por tus angustias en el Huerto,

por el vinagre y por la hiel,

por las espinas y las varas

con que tus carnes desgarré,

y por la cruz en que borraste

todas las culpas de Israel;

Hijo del Hombre, desolado,

trágico Dios, tremendo Juez:

requiem aeternam dona eis, Domine,

el lux perpetua luceat eis!

¡Divino Espíritu, Paráclito,

aspiración del gran Iaveh,

que unes al Padre con el Hijo,

y siendo el Uno sois los Tres;

por la paloma de alas níveas,

por la inviolada doncellez

de aquella Virgen que en su vientre

llevó al Mesías Emmanuel;

por las ardientes lenguas rojas

con que inspiraste ciencia y fe

a los discípulos amados

de Jesucristo, nuestro bien:

requiem aeternam dona eis, Domine,

el lux perpetua luceat eis!

A LA CATÓLICA MAJESTAD DE PAUL VERLAINE

Padre viejo y triste, rey de las divinas canciones:

son en mi camino focos de una luz enigmática

tus pupilas mustias, vagas de pensar y abstracciones,

y el límpido y noble marfil de tu testa socrática.

Flota, como el tuyo, mi afán entre dos aguijones:

alma y carne; y brega con doble corriente simpática

para hallar la ubicua beldad con nefandas uniones,

y después expía y gime con lira hierática.

Padre, tú que hallaste por fin el sendero, que, arcano,

a Jesús nos lleva, dame que mi numen doliente

virgen sea, y sabio, a la vez que radioso y humano.

Tu virtud lo libre del mal de la antigua serpiente,

para que, ya salvos al fin de la dura pelea,

laudemos a Cristo en vida perenne. Así sea.

AUTOBIOGRAFÍA

¿Versos autobiográficos ? Ahí están mis canciones,

allí están mis poemas: yo, como las naciones

venturosas, y a ejemplo de la mujer honrada,

no tengo historia: nunca me ha sucedido nada,

¡oh, noble amiga ignota!, que pudiera contarte.

Allá en mis años mozos adiviné del Arte

la armonía y el ritmo, caros al musageta,

y, pudiendo ser rico, preferí ser poeta.

-¿Y después?

-He sufrido, como todos, y he amado.

¿Mucho?

-Lo suficiente para ser perdonado...




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