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2019-09-07    00:20:43

LITORAL

CONFIANZA TOTAL, INDISPENSABLE EN EL APRENDIZAJE DE LOS NIÑOS

Todos los niños nacen con lo que se llama confianza total, la cual es indispensable para el aprendizaje y el éxito en la vida. No obstante, la enseñanza que reciben de los padres y en la escuela, así como la que propina la vida misma pueden llevar a perderla, y por ello se debe aprender a que no la pierdan o a, dado el su caso, que puedan recuperarla, para lo que nunca es tarde. Por confianza total se debe entender la fuerza interior que es innata a los seres humanos desde su nacimiento, en cualquier parte del planeta, para aprender cualquier cosa, en lo que es determinante los dos primeros años de la vida.

Por ejemplo, en ese primer ciclo los menores son capaces de aprender hasta cinco idiomas si existen las condiciones, es decir si están expuesto a los mismos a través de sus padres y familiares, y ello se debe a que no todas sus neuronas están totalmente formadas, pero también porque se nace sin miedos, excepto dos, que son a los ruidos fuertes o a las caídas. Lo anterior significa que todos los demás son adquiridos, pero la buena noticia es que también pueden ser desaprendidos, aseguran en plática con Litoral las expertas Verónica de Andrés y Florencia Andrés, madre e hija y expertas que han publicado tres libros sobre el tema, el más reciente titulado Educar con Confianza Total.

La confianza total se pierde, o los miedos aparecen, por circunstancias de la vida, en la familia, en la escuela, pero está en nuestro interior y se puede enseñar a padres y maestros a cuidarla o recuperarla. Es la base del éxito en la vida, y para no perderla se debe hacer más énfasis en los logros que en los errores, contrario a como suceden las cosas actualmente, porque, por ejemplo, en las escuelas se marcan las faltas en un examen con colores más llamativos que los aciertos. En casa, los padres deben aprender a reforzar en la memoria de sus hijos las cosas que hacen bien, sus logros; sus áreas fuertes y sus aptitudes.

El primer espejo en el que el niño se mira para saber qué tan asertivo es son los padres, quienes en general no están tan capacitados para tener esta predisposición a remarcar lo positivo de sus hijos, más bien lo contrario. Los comentarios reiterados de los progenitores son, entonces, la imagen que se formará el niño de sí mismo, positivos o negativos, indican Verónica, quien tiene una maestría en Educación con distinción de la Universidad de Oxford Brookes, y Florencia, quien cuenta con una maestría en Coaching Organizacional.

Lo mismo sucede con las comparaciones con otro niño o con los hermanos, y son cosas que salen “naturalmente” en los padres en pos de corregir conductas, pero son conductas que se fijan en la mente de los niños. Sin embargo, hay muchos detalles que se pueden cambiar para que los hijos no pierdan la confianza, ser asertivos, como por ejemplo en lugar de decirles “eres un desordenado” por cómo está su habitación, habrá que decirles “tu habitación está desordenada, ve y arréglala, tú puedes hacerlo”. Así en la edad adulta no pensará en que no tiene remedio por no ser disciplinado sino que, por el contrario, tiene la capacidad de arreglar cualquier cosa que se le presente. Una recomendación sería, por lo tanto, cuidar lo que se dice a los hijos porque ellos se lo creen y actúan en consecuencia.

Lo que sucede en la escuela es un caso similar. Los maestros son el segundo espejo donde los niños ven su reflejo por lo que deben tener palabras de aliento a lo bien hecho, pues de lo contrario los menores no querrán seguir con su educación.

Revertir la educación en la casa y en la escuela tiene su repercusión positiva en lo emotivo, lo que en consecuencia facilita el aprendizaje y así se obtendrán buenas calificaciones, sostienen con seguridad al indicar que en su más reciente libro han puesto consejos prácticos, concretos para combar la situación en ambos ambientes. Un factor también a considerar es que los niños de hoy son diferentes a los de antes, porque tienen las redes sociales donde pueden hacer comentarios y expresar sus opiniones, y ante esa nueva situación también debe haber respuestas, que están basadas en los principios que se recomiendan, y uno de ellos es que se debe encontrar la forma de hablarles, porque es la forma de enseñarles a escuchar y a actuar en el sentido que se quiere; a que recuperen de la confianza.

Por su parte, los niños deben sentir que van a ser escuchados en sus necesidades y emociones. Si sienten que son escuchados, entonces escucharán. Un mal ejemplo es el padre policía, el que pregunta todo: “¿cómo te fue en la escuela? ¿Hiciste la tarea?”, etcétera, en cambio se pueden generar la dinámica llamada “tu tiempo”, que consiste en que a una hora fija del día y en un lugar determinado el niño tiene su tiempo para expresarse, decir lo que quiere y siente, sin interrupciones de televisión, celulares y otros. Los padres escuchan y responden al interés del niño, que sabe que siempre será escuchado, y hará lo propio.

Aclaran que las necesidades de los niños son las mismas de todos los tiempos, que se basan en la confianza, y para ello son necesarias las reglas, los límites, saber por ejemplo que “tu tiempo” se va a llevar a cabo siempre y sin interrupciones, ni de los padres ni de él o externos. Sin embargo, esa necesidad es más necesario recuperarla hoy en día, porque los padres están más ocupados en otras cosas, el trabajo y demás compromisos, con lo que descuidan a sus hijos, y por ello un buen inicio es respetar el espacio y el tiempo que se les dedica.

Hay consejos mínimos que se pueden seguir para recuperar la confianza total, como atender la forma en que se reacciona ante los errores de sus hijos, hacerlo positivamente, que sepan que pueden intentarlo de nuevo y que seguro lo conseguirán; ayudar a los hijos a encontrar sus talentos naturales, todos los tienen, aunque haya actividades en las que destaquen, y no se debe minimizar ese talento.

Otro consejo es nunca comparar a los hijos con nadie, tiene que saber que es único, irrepetible, una sensación que tienen de nacimiento pero que suelen perder por una mala actitud de los padres o en la escuela; hacerlo sentir valioso e importante, y una forma es tener siempre a la vista de ellos dos fotos, una donde estén haciendo algo que saben hacer muy bien y otra donde se les vea siendo amados. Los padres, por su parte, deben siempre tener puestos los lentes para ver lo bueno de sus hijos y hacérselos saber y sentir. Un consejo más es nunca hacer por los hijos lo que ellos pueden hacer por sí mismos, pues aunque se piensa que así se les ayuda en la realidad se les debilita, se les transmite el mensaje de que no son capaces. Son reglas que se deben seguir desde el momento en que nacen y nunca es tarde para hacer algo por recuperar la confianza total con la que nacen los niños.

Asimismo, los padres deben saber que ningún progenitor es perfecto, pero si presentes, que los niños sepan que también se equivocan, pero saben pedir perdón, concluyen las autoras del volumen publicado por Santillana.




NTX/RML/LIT19


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