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2019-10-05    01:04:55

LITORAL

ALESSANDRO BARICCO, LA LÚCIDA ARROGANCIA

Novelista, dramaturgo, periodista, cineasta, e incluso maestro, ha sido el italiano Alessandro Baricco (Turín, 1958), fundador de la Scuola Holden, un centro de creación literaria desde donde fomenta la escritura porque, para él, la literatura no es cosa de inspiración, sino de técnica, algo que se aprende, se pule y se domina, para obtener como resultado una obra, esa que, en su caso, inició con su incursión en el ensayo, para luego llegar al plano narrativo y al dramatúrgico.

Sencillo y hasta desaliñado, Baricco es de esos autores con los que inevitablemente se habla de mucho más que literatura, del mundo fracturado que le tocó enfrentar en su infancia, en una ciudad que define como seria y triste, donde los libros fueron un vehículo para ver la luz, y su facilidad para la escritura, una aliada para ganarse la vida, hasta que con 30 años de edad y toda la arrogancia del mundo, pero sin siquiera la ambición de ser escritor, creó su primera novela.

Porque se necesita ser arrogante para creer que uno puede escribir el libro que aún no existe, ha dicho el hombre que hasta entonces no se imaginaba como novelista, aunque sí se interesaba por el ensayo, ese que a la fecha le ha servido para expresar su amor por el futuro, escudriñando y tratando de entender el pasado.

Baricco estudió Filosofía, pero también Piano, de ahí que su primer texto fuera un ensayo sobre Rossini y sus primeras publicaciones fueran de crítica musical. Tenía 19 años cuando dejó la casa de sus padres y empezó a aprovechar sus facultades para escribir, trabajando como periodista, en editoriales, en la política e incluso en el medio publicitario, hasta que consideró que era el momento de ir por más y nació su novela Castelli di rabbia (Tierras de Cristal, 1991), un texto lleno de rabia, la de una generación que no busca heredar la tradición literaria, sino romper con ella.

“Impulsado por la arrogancia, la presunción… porque cuando uno es joven, se escribe para destruir a los demás, con la convicción de que uno trae dentro algo que es mejor que lo que hacen los demás; yo quería escribir un libro que no existía, con una forma de contarlo que no encontraba en ningún otro libro, quizá porque tenía que ver con la emoción del texto”, le aseguró alguna vez a un periodista mexicano, a quien le dijo que “no se escriben libros sin arrogancia, narcisismo y exhibicionismo”.

ROMPER LA TRADICiÓN…

Alessandro es parte de una primera generación de italianos crecidos masivamente en la tradición del cine y la televisión, influenciados por la literatura estadounidense de un Ernest Hemingway y, particularmente, por la de J. D. Salinger, que resultan un revulsivo en cuanto a la narrativa, el estilo y el ritmo que contrasta con la elegancia y “lo bello scritto” de los autores italianos clásicos.

Admira de ellos el estilo más directo y menos rebuscado o barroco que se halla en la tradición italiana, y bajo esa premisa y su gusto por autores como el colombiano Gabriel García Márquez, comienza a escribir su propia historia en la literatura, cuando en 1993 escribe Océano Mar, que le merece el Premio Viareggio de ese año, y poco después establece su Scuola Holden, en Turín, un sitio donde él mismo pule artesanos del lenguaje, preparándolos para tomar la pluma y hacer de ella su arma de vida.

La fama internacional llegaría pronto, en 1996, cuando vio la luz Seda, una novela delicada sobre el amor y el erotismo contenido que, según la crítica, rebosa de laconismo y sutileza, la cual vendió más de 700 mil ejemplares, mereció una adaptación cinematográfica a cargo de Francois Girard, en 2007, y ha sido traducida a 17 idiomas.

De esa década también es la obra de teatro: Novecento: un monólogo (1994), que fuera llevada con éxito a la pantalla grande en 1998, con Tim Roth en el papel principal, y que en estos días es montada en escenarios mexicanos, a cargo de Benny Ibarra.

En la segunda mitad de los años 90 escribe las obras Davila Roa (1996) y Totem (1999), así como la novela City (1999), la cual sólo promovió en internet y después dio origen a una versión leída. La irrupción de Baricco en el cine fue como director de Lezione 21, una película que narra la historia de un joven que viaja a los Alpes, inspirado por Beethoven.

Otros libros que se pueden encontrar en español son: Emaús (2009), Mr. Gwyn (2011), Tres veces al amanecer (2012) y La esposa joven (2015), de corte erótico. En 2018 fue publicado el ensayo The Game, donde retoma su preocupación por el mundo que viene, que había plasmado inicialmente en Next, Sobre la globalización y el mundo que viene y Los bárbaros.

Sus personajes son siempre atípicos, como el chico que nunca abandona el barco, en Novecento, tienen algo de locura, porque para él es importante hablar de lo improbable, lo contrario es realidad y eso puede resultar aburrido, aunque admira a quienes logran cautivar con alguna dosis de realidad.

A lo largo de su carrera ha obtenido premios como el Selezione Campiello y Prix Médicis Étranger 1991, por Tierras de Cristal; el Viareggio (1993), por Océano Mar; así como el Médicis (1995) y el Giovanni Boccaccio en 2010, pero sin duda el mayor de ellos ha sido el reconocimiento de su literatura, como parte de ese amplio crisol de voces que es la literatura italiana, donde no todas son tan refinadas ni potentes, pero con dignos representantes en todos los géneros, donde despuntan plumas como las de Valerio Magrelli en el ámbito poético; Umberto Eco y Claudio Magris, en el ensayístico; y Andrea Camilleri, Roberto Calasso, Alessandro Piperno, Niccolò Ammaniti, Sandro Veronesi, Antonio Scurati y Alessandro Baricco, en el plano narrativo.

Hoy, detrás de este camino, que incluye una reescritura de La Iliada, para él la madre de toda la estructura narrativa, Baricco asegura que “escribir es muy emocionante. Cuando lo haces desaparece todo lo demás. Es como ir muy veloz hacia el peligro, pero tener oportunidad de regresarte si te equivocas […] La emoción más fuerte que tengo es cuando escribo”.




NTX/MCV/LIT19


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