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2020-03-23    13:30:23

LITORAL: Atrapasueños

Ruido o la búsqueda del bienestar

La búsqueda del bienestar, de la felicidad, no tiene caminos fáciles, todos los saben, pero una manera certera de ensañarla a cualquiera, pero principalmente a los menores de edad, es a través de las ilustraciones. Así lo sabe Anita Mejía, ilustradora bajacaliforniana que también sabe contar una historia y lo hace muy bien, con colores y líneas que la identifican completamente en Ruido. Mejía y el gran tilingo.

      El volumen ilustrado desde su portada hasta su contraportada, con colores atractivos, inexistentes u oscuros, de acuerdo como el momento de la narración lo amerite, enseña a los menores de edad lo que es el bienestar, la felicidad; cómo esas dos sensaciones son partes indispensables e indivisibles de las personas, como también lo son los momentos grises o la ansiedad que aparentemente abruman a cualquiera.

      El personaje Mejía muestra al lector, apoyada por sus gatos Froo, Mingus y Macarrón, que cualquiera, y los niños y niñas también, pasan en diferentes momentos por sensaciones y sentimientos variados, desde la alegría o la euforia, hasta la tristeza, ansiedad y frustración, pero todos son estados de ánimo normales, que viven con nosotros. Todos están bien y los últimos se vuelven necesarios porque si no, “la vida puede perder el rumbo”.

      La historia relata que un día Mejía empieza a atravesar por diferentes estados de ánimo, pero empieza a preocuparse porque también entre ellos aparecen unos seres que al parecer nadie invitó: Tristeza, Tedio, Ansiedad, Frustración, Angustia, Desesperación, Desolación, Miseria y “El Gran Tilingo”. Conforme avanzan las coloridas páginas, Anita Mejía va a descubrir que no se trata de indeseados, sino que ya estaban ahí cuando llegamos.

      Pero, ¿qué es “El Gran Tilingo”? Es la tristeza y hasta la depresión, el sentirse sólo y que las cosas que uno hace no sirven y nos muestran nuestra inutilidad. Eso, ya en extremo, porque esos sentimientos grises, oscuros, también están en cada uno, y el libro de alrededor de una centena de páginas enseña también la forma en que se puede controlar esos sentimientos, que formen parte de cada quien sin perjudicarle: con compañías agradables, con las que uno se sienta bien, que dan y reciben amor.

      Estos compañeros de viaje es la familia misma y hasta las mascotas, todos juntos forman un hogar, pero no se refiere al espacio físico sino a la sensación de “estar tranquila, inquieta, contenta, nostálgica, feliz, asustada, confundida, triste, y que todo esté bien”, como refiere al final en el libro Anita Mejía y sus botitas mágicas.

      Anita Mejía, nacida en Ensenada, Baja California, es ilustradora por accidente, según datos del sitio en internet anita-mejia.tumblr.com/bio; hija de médicos, estudió la carrera de Diseño, donde descubrió a la ilustración y sus posibilidades. A partir de entonces su trabajo ha evolucionado hasta generar una firma propia a través de sus líneas, trazos, dibujos.

      A través de la experimentación, expresión y aprendizaje se ha ganado espacios que le han llevado a trabajar para importantes empresas y organismos. Pero también cuenta con la capacidad de historias para las que aprovecha sus ilustraciones, de manera que entiende que “la historia que se cuenta a través de las imágenes es más importante que la imagen misma, la ilustración es un vehículo de comunicación, no sólo un adorno”, de acuerdo con el mismo sitio en internet.

      Entre sus personajes admirados reconoce a Tove Jansson, Simone de Beauvoir, Oriana Fallaci, Mary Shelley y las hermanas Brontë, por mencionar algunos nombres. No hace mucho tiempo, la ilustradora se mudó a la Ciudad de México trayendo a sus gatos Froo, Mingus y Macarrón.




NTX/RML/LIT19


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