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2020-05-03    13:34:56

LITORAL: Tinta fresca

Búsqueda permanente, alimento de la creatividad

La exploración en formatos, técnicas, temas, formas de expresión y disciplinas es una característica del trabajo del diseñador e ilustrador, lo mismo que artista plástico, Ricardo Peláez (Ciudad de México, 1968), quien en el actual encierro por la pandemia sanitaria ha retomado su interés por las esculturas hechas de madera vieja y de otros desperdicios que regularmente encuentra en los edificios en construcción.

      Egresado de Diseño Gráfico en la entonces Escuela Nacional de Artes Plásticas, Peláez Goycochea explica en charla con Litoral que valora positivamente el haber elegido esa carrera y no Artes Plásticas, porque ésta tiene una visión más excluyente, muy cerrada respecto a nuevas formas de expresión, a los materiales y a las tareas a realizar. La primera no tiene tantos prejuicios y lo mismo incorpora y aprende de la pintura, la ilustración o la tipografía. Es decir, es multifacética e interdisciplinaria, lo que demanda una formación muy completa, y eso hace más fácil derivar hacia las artes plásticas, lo que no es tan fácil en sentido inverso.

      Al hablar de su trayectoria, el cofundador de la revista "Gallito Comics" y del Taller del Perro, dedicado a la ilustración underground, indica que a la actividad creativa la entiende como una búsqueda permanente, y el tipo de trabajo que hace es facilitador de esa inquietud, porque se puede desenvolver en diferentes materias y con variados materiales. Pone como ejemplos sus ilustraciones para libros infantiles, las novelas gráficas, los cuadros abstractos, la fotografía o las esculturas con materiales de desecho, ámbitos tan diferentes, pero en los que se desenvuelve con gran calidad y naturalidad.

      Desde siempre, como profesional le ha interesado más la búsqueda que el alcanzar metas; entender lenguajes, lograr su propia expresión, explorar en la forma, ritmo, composición, la técnica. En otras palabras, le importa más el proceso que el resultado, lo que no quiere decir que no cumpla profesionalmente con las tareas asignadas, porque el segundo es resultado del primero, deja en claro.

      En ese sentido, ejemplifica que en sus inicios como profesionista no le encontraba sentido al arte abstracto, ahora reconoce su valor, pues lo identifica con la poesía o el jazz, es decir, que son resultado del dominio de la técnica, pero entendida ésta como puesta al servicio de la sensibilidad y la intuición creativa.

En la marcha

La variedad en el uso de materiales y técnicas también la entiende por pertenecer a esa generación que estudió todavía con formas de expresión a las que se puede llamar análogas, pero también le tocó el momento en que se dio paso a lo digital, que ahora domina el medio. Pertenecer a esta época de dos momentos tan diferentes le permite explotar ambos mundos para conseguir nuevos resultados, en ese interés de búsqueda y exploración que nunca se ha agotado en él.

      Desde su punto de vista, pasar de un formato a otro, de una técnica a otra o de un tipo de ilustración a otra (de infantil a novela gráfica, por ejemplo), requiere de una preparación para encarar el reto que se tiene enfrente. Al hacer un símil, dice que es como el actor que para encarnar diferentes papeles debe adentrarse en cada personaje, porque si lo hace de una manera monocromática pierde calidad, pues habrá muchas aristas, claroscuros y detalles que se le escapan y el resultado será pobre. Lo importante es entender la diferencia de propósitos para los que se trabaja en cada proyecto, subraya.

      Incluso, anota, este entendimiento de las diferencias y matices con los que debe enfrentar cada proyecto le hace divertido cada trabajo, lo que a la vez le da frescura a la hora de realizarlo y flexibilidad para encontrar las formas y técnicas con las que deba hacerlo, lo que evita el anquilosamiento. La comodidad a la hora de trabajar no es recomendable en su profesión y, en general, para la vida misma, asegura.

      Otra característica del trabajo que realiza es que al ilustrar una obra literaria, sea para infantes, adolescentes o adultos, debe leer y entenderla, conocer su discurso para, al poner sus imágenes a su servicio, crear un discurso propio que acompañe al texto. No son lo mismo, pero no son diferentes, uno tiene que acompañar al otro, sobre todo el lenguaje ilustrado al escrito. Cada una de las propuestas en las que se trabaja implica una comprensión del objeto y del objetivo, y por lo tanto la respuesta será diferente en cada una.

      Afirma que disfruta cada trabajo que realiza, sean carteles, dibujos para libros infantiles o adolescentes, así como las novelas gráficas u otro tipo de ilustraciones, asegura al anotar que en la actualidad prepara para llevar al lenguaje de la historieta el libro Auliya (1997), de Verónica Murguía, así como La sombra de pan (1997), de Sergio Monreal, trabajos con los que responde a la beca que obtuvo del Sistema Nacional de Creadores y que debe entregar este año.

      Además de lo anterior, tiene sobre su mesa de trabajo otro proyecto para llevar al mismo formato: una narración breve de John Steinbeck que forma parte de su libro Las praderas del cielo, publicado por primera vez en 1932.




NTX/RML/LIT19


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